El Niño de Atocha proviene de España, del pueblo de Atocha (Madrid), donde se veneraba una imagen del Niño Jesús que, según la leyenda, liberaba y alimentaba a los prisioneros injustamente encarcelados durante la ocupación musulmana.
Migró a América con los colonos y se fusionó con deidades y espíritus populares en México, el Caribe y Sudamérica.
En el sincretismo afrocaribeño y espiritista, se le considera una entidad milagrosa, caminante, libertadora y protectora, asociada al poder de los niños santos, los espíritus viajeros y los justicieros del camino.